La nieve de las cumbres ya se derrite en el belén de Antonio de Bonavista

Se podrá visitar hasta después de Reyes

La brillante estrella de la calle doce guía a los interesados y curiosos que acuden a Bonavista para contemplar el Belén de Antonio Martínez, inaugurado el pasado 3 de diciembre.

Llegamos en un momento delicado, Antonio ha tenido que mojarse para amarrar un cable suelto, clave para asegurar la pesca en el lago de Belén.

No resulta fácil, el mantenimiento del lago. No basta con que haya agua, que se cuente con filtros… Nos cuenta Antonio que el año pasado, finalmente, logró identificar la causa del óbito de tantos peces… hasta 133 perecieron. Al parecer, un coral contaminaba el agua: “Una mujer me dijo ‘puede ser del coral’ (uno que me regalaron y puse); hice la prueba y así era”. Ese triste episodio ya pasó y este año “solo se han muerto dos peces, ambos de accidente”.

El agua es fuente de vida y fecunda los campos. Foto: LVP.

El agua está muy presente en el belén de Antonio. En esta edición del belén, ha trabajado saltos de agua en unas altas montañas nevadas. Y es que en un año con tantos cambios térmicos, no podía más que reflejarse de este modo el deshielo de las cordilleras, que magnifican el segundo plano del paisaje. “Si el agua brinca, se ve el efecto del agua”, aclara el artista bonavisteño.

En su vida profesional como pintor, Antonio ya empezó a mostrar interés por experimentar con nuevos artilugios y trastear con piezas y mecanismos viejos para el belén de sus nietos. Así lo recuerda Ramón, que conoce a Antonio desde 1980 y ha venido a ver el belén con su mujer, Mercè, desde Tarragona: “L’Antonio, quan pintava, venia a casa, havies de tirar una cosa: –No! Si ha ha un motoret serveix per al pessebre. Del microones, en treia el motor. Uneix els tubs d’una cortina vella per fer passar els cables elèctrics. Qualsevol cosa, pel pessebre.”

Antonio no se cansa de explicar las novedades y curiosidades del belén. Foto: LVP.

El aprovechamiento y reciclaje de materiales y aparatos que tuvieron una vida al servicio de un electrodoméstico, parabrisas u ordenador, entre otros, aparatos eléctricos que nos facilitan la vida, en su nueva función dejan de prestar ayuda directa al hombre para pasar a adoptar una función estética, para hacer más agradables a la vista los contornos donde el Hijo de Dios se hizo hombre.

Un ejemplo de reutilización de materiales, que se ve desde lejos: las paredes de piedra natural simulada que circundan los límites del belén. “En Tarragona estaban tirándolo y uno de Bonavista que pasaba por ahí dijo: –Lo va a tirar? Espere, métamelo usted en el coche. Y este vecino me lo trajo”. Este es uno de los cambios, junto con las montañas nevadas, más aparentes del belén de Antonio Martínez. Pero no son las únicas novedades.

A Mercè le sorprende el huerto, con el riego automático de los surcos con verduras plantadas por los nietos de Antonio. También la piara de cerdos, y “la muntanya nevada potser no l’havia fet mai, cada any trobes una cosa o altra que et sorprèn”. Ramón está fascinado por “tota la circulació de l’aigua”.

La cuna donde el Niño se mece es una de los logros predilectos de Antonio. Foto: LVP.

El leñador versión 2019 es multitarea. No solo corta troncos, también los apila. Cerca del leñador una brisa tenue mueve un tendido de ropa. ¿De dónde viene el viento? Y si es viento de verdad, ¿hay truco para que se sostenga la ropa?

El águila tiene nido, aunque como la montaña es blanca, no se ve mucho. Los peces también han visto mejorada su dieta, aunque solo sea porque los manjares que Antonio les subministra ya no se los lleva el agua.

Un detalle puede pasar desapercibido: un estante en la pared sujeta una plataforma giratoria con la reproducción en papel de la basílica de la Sagrada Familia. Antonio la ha puesto ahí también por los nietos del relojero de la calle 21, que le regaló con ilusión la manualidad, antes de su fallecimiento.

El agua del lago se aprovecha para el riego de la huerta. Foto: LVP.

Este año, para la gente mayor que ha venido desde la residencia La Onada, Antonio ha dispuesto unos sillones para que puedan sentarse. “Muchos vienen con el andador, pero siempre hay a quien viene bien; el otro día estuvo un señor de 96 años”.

De la otra Onada, la fundación de Campo Claro y también de Topromi, y de Estela vienen a ver el Pesebre cada año. “Son más cariñosos… El otro día vino un grupo y dije ‘quien cante una canción le doy caramelos’, y todos se pusieron a cantar. Una mujer de unos 55 años estaba llorando y me acerqué y le dije –¿no te gusta y por eso lloras? –No, es que me emociono, me acuerdo de mi padre y de mi madre”.

Grupo visitante de la fundación Onada de Campo Claro. Foto: cedida.

Estando un momento ante el Belén se aprecia como a cada rato se van acercando visitantes en un continuo ir y venir. Las nietas de Ramón y Mercè, nos cuentan, se acercan siempre el día 26 de diciembre, antes del almuerzo con los abuelos.

Mercè destaca de Antonio su bondad natural y recuerda como cuando iba a la casa a pintar, le dejaban las llaves y ellos se iban. “El que no ens ha fet mai és el pessebre”, bromea Ramón. Es gozoso considerar como con la misma confianza y cordialidad con que Antonio ha sido tratado, abre de par en par las puertas de su casa el pesebrista de la calle 12 de Tarragona durante el Adviento y las fiestas de Navidad. Hasta después de Reyes.

Personas mayores de la residencia Onada, a quienes gusta ir a ver el Pesebre de Bonavista. Foto: cedida.

Un comentario

  • María

    Es un artista! pasa todo el año trabajando para regalar a todos una sonrisa. Ver la cara de ilusión los visitantes es un regalo para el.
    TE QUIERO PAPA

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