Francesc Xammar: compromiso desde La Floresta

Nació el 16 de Noviembre de 1933 en Barcelona, en la zona del Passeig de Gràcia, con lo que ello conlleva. Pero pronto quiso estar cerca de los más desfavorecidos. Es más, renunció a la herencia familiar y la donó para proyectos en Centroamérica de la que es ferviente servidor de sus gentes, de los más humildes.

Recientemente los periodistas Enric García y Ricard Lahoz, a los que considera Francesc más que periodistas, le han escrito el libro “Francesc Xammar i Vidal: dignitat i compromís a la periferia de Tarragona”. El local social de la A.VV. La Floresta, barrio donde vive Xammar, acogió la presentación la pasada semana.

Es por ello que La Voz de Poniente ha querido conocer un poco más de cerca lo que piensa este hombre jesuita, líder vecinal, activista y todo lo bueno que queramos añadir de él. Les dejamos con sus reflexiones, las de una persona coherente con lo que piensa.

Giremos la vista al pasado: 1966, año en que llegó a Tarragona, ¿por qué escogió esta ciudad y más concretamente los barrios de Ponent?

Los jesuitas, dentro del crecimiento industrial de Catalunya, queríamos hacernos presentes en las zonas populares que originaba la emigración que llegaba, principalmente, del Sur de España (Andalucía). El pujante crecimiento industrial de Tarragona, pues,  requería la mano de obra de zonas menos desarrolladas industrialmente.  En la década de los 60, se quedó rodeada  por amplias zonas obreras, especialmente, en la zona de Poniente, más allá del Francolí.

Se asumió, entonces, la parroquia de Torreforta, en el 66. Pero, dos años más tarde, se quiso dar un paso más. La Misión obrera jesuítica, me encargó que  buscara un lugar que hiciera posible compartir la vida, día a día, con los nuevos emigrantes del Sur.

Me pareció muy adecuado, teniendo en cuenta el objetivo que los jesuitas se habían propuesto, que el barrio de La Floresta, que estaba en construcción, podía reunir las condiciones para una modesta comunidad de jesuitas. Las viviendas eran claramente populares, de 60 metros cuadrados. En el barrio, al principio, no había iluminación pública, ni asfaltado en las calles, ni transporte, ni teléfono público, ni escuela… Simplemente nacía un barrio en el extrarradio de la ciudad. Por esta razón, el Ayuntamiento, entonces, no tenía obligación de atender las más elementales necesidades de los nuevos vecinos.

Enseguida se volcó con la gente. Ha hecho de todo, desde cura, pasando por líder vecinal, activista y hasta concejal del ajuntament de Tarragona. Una intensa vida de ayuda a los demás…

Esta mirada hacia el prójimo me nació como exigencia  (que debe tener todo cristiano ¡!) de mirar  al “otro” como una persona tan digna como la propia, (ni más, ni menos ¡!). El que no sirve, en plan de igualdad, al que está cerca de uno, no entiende este principio fundamental del que nos habla el evangelio –desgraciadamente hay muchos que no lo entienden–.

Recientemente se acaba de presentar, por cierto con mucho éxito,  el libro “Francesc Xammar i Vidal: dignitat i compromís a la perifèria de Tarragona”. ¿Se ve reflejado en él?

Ciertamente, no se me había ocurrido nunca que mi trayectoria vital pudiera ayudar a la reflexión a otras personas. Tardé varios días en aceptar la propuesta conjunta de dos periodistas, Ricard Lahoz , que lo conocía, pero poco, y Enric García. Ahora, todavía me pregunto por qué se les ocurrió la propuesta de escribir el libro (ellos sabrán dar razón de su compromiso). La verdad es que para mí, actualmente, son más que periodistas –que no es poco ¡!–, unos excelentes amigos de los que te encuentras, inesperadamente, en la vida.

El libro refleja la verdad de los hechos, aunque el afecto personal les traiciona, aumentando lo positivo que puede tener mi vida –a los amigos, se les tiene que perdonar este pequeño defecto que, a veces, ocurre ¡!–.

Conocido por su compromiso antifranquista, ha asumido un papel significado en la lucha por la independencia de Catalunya. Cómo ve la construcción de una república catalana socialmente justa en la actualidad?

Mi punto de partida, en relación al complejo problema planteado, actualmente, en Catalunya, es claro. Defiendo el derecho a decidir del Pueblo Catalán, por muchas razones, que no es, aquí, lógicamente, el lugar de explicitarlo.

Creo que, además, de los alienables derechos  humanos de las personas (manifestados en la declaración universal de la ONU) hay que respetar, también los derechos de las colectividades, como es el caso de la Nación catalana.

Lo  que hay que hacer para conseguir tal objetivo, no me siento capaz de discernirlo en profundidad, pero lo que me queda, obviamente, claro, es que cualquier acto de  represión por parte del poder central es inaceptable  para conseguir una aparente “victoria”. Por este camino, no hay que andar nunca. Igualmente, me parece claro, que poner en  prisión a los políticos opositores, cuando se han manifestado pacíficamente, no tiene tampoco sentido. Para algo el ser humano tiene inteligencia. Tiene muchas potencialidades, pues, que los políticos las usen ¡!!

¿Qué recuerdos tiene de cuando dirigió el Institut Campclar? ¿En qué cree que ha cambiado la enseñanza respecto de la de aquellos años?

En los tiempos históricos en los que fui director del Instituto de Campclar, la situación era muy distinta. Ahora, la realidad social, en la que los profesores se encuentran, es muy compleja y difícil. Deben dar respuesta a nuevas y complejas necesidades.

Cuando se inició el Instituto, las familias obreras valoraban, mucho más que ahora, el que sus hijos pudieran estudiar, ya que ellos no lo pudieron hacer cuando eran jóvenes. Apoyaban a sus hijos. Creo que, en no pocas ocasiones, ahora, no lo hacen. Atienden a otras necesidades, para ellos, prioritarias.

Los mismos alumnos, con frecuencia, no están motivados, no son capaces de preparar su futuro, tienen demasiados proyectos “colaterales” que les distraen de lo fundamental. Los alumnos están insertados en una sociedad que no les ayuda. Desconocen el valor del esfuerzo, el deseo de superarse como persona. No me parece fácil, conseguir que los profesores puedan estimular quien no se plantea el futuro como tarea a realizar. Lo que prevalece es lo fácil e inmediato. Hay, evidentemente, y por desgracia, crisis económicas que afectan a muchas familias, pero falta -y cómo hacerlo ¡!- que el alumnado asuma la propia responsabilidad, no la de tener dinero –que es necesario ¡!– sino la de prepararse para el futuro, que es la principal tarea que le toca realizar.

¿Qué nos puede decir sobre su cooperación e implicación en los temas de América Central por mediación del Comité Óscar Romero?

Mi implicación con Centroamérica (como parte del mal llamado Tercer mundo) tiene la misma raíz que me llevó a estar en la periferia de Tarragona.

Los “otros”, estén cerca o lejos, tienen la misma dignidad que reivindicamos para nosotros en nuestro país. La dura realidad en la que viven, una buena parte de nuestro mundo, es lamentable. ¡Y son personas como nosotros!

Es bueno “oír y ver” por la radio o la TV lo que pasa en los países empobrecidos, pero es inmensamente mejor “vivir” la realidad, en la medida que sea posible, aunque sea por poco tiempo. Hay que dejarse herir por el dolor de los demás. Es una manera de purificar la propia conciencia (como, a veces, por una enfermedad, hay que purificar la propia sangre). Lo que no se vive y se sufre, no se entiende.

¿En qué ha cambiado, si así lo cree, la vida en los barrios de Ponent, desde aquel lejano 1966, hasta la actualidad?

Desde el final de la dictadura, en las zonas periféricas, han cambiado muchas cosas. Urbanísticamente se ha mejorado bastante, pero no lo suficiente. Basta estar cerca de las reivindicaciones de las AA.VV. Tradicionalmente no se han valorado lo suficiente, independientemente del partido que ha estado gobernando la ciudad (cuántas horas de trabajo gratis de sus miembros  para mejorar la ciudad ¡!!).

Desde que “entró” la democracia y la llamada “sociedad del bienestar” se ha perdido bastante la cohesión vecinal que se había conseguido en los tiempos pasados. Se están imponiendo los antivalores de la sociedad de hoy, el consumismo y la indiferencia. Todos somos víctimas del nefasto sistema capitalista, que destruyó los valores de la solidaridad, cercanía, respeto… No pocas personas viven en el barrio “sin ser del barrio”.

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